viernes, 2 de diciembre de 2016

BELLEZA, MODERNIDAD, REALIDAD.

R.G., Atardecer romano, 1956

En Roma, en el año 1960, Ramón Gaya reflexionaba, como en otras muchas ocasiones, acerca de la belleza; de la belleza en lo arquitectónico, de la contenida en lo esencial de la pintura, en su naturalidad, de la que se respira en las ciudades italianas... llegando a definirla de la siguiente manera:   

"La belleza no era, como me enseñaran y yo creyera de buena fe, eternización, sino actualización; actualización de algo que ya es eterno en principio; lo bello no es más que todo cuanto puede ser rescatado, arrebatado a lo eterno, salvado de lo eterno y traído hasta la hermosa vulnerabilidad del presente. La belleza no era ya, para mí, aquel rostro rígido, liso, terso, impecable, que me habían enseñado, obligado a admirar y que siempre me pareciera un rostro tan triste; la belleza era, ella también, sumamente impura, defectuosa, expuesta, movible; en una palabra: la belleza no era ningún... “ideal”, sino algo mucho más nuestro, que nos pertenecía, que existía".

R.G., Belleza, modernidad, realidad, 1960. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

RAMÓN GAYA EN PARÍS

R.G., Puente de París, 1958
Pastel 21 x 29,5 cm

Ramón Gaya admiraba toda creación que considerara verdadera. El 9 de diciembre de 1952, en una de las cartas que escribió a su amigo Tomás Segovia, hablaba de cine y de otras artes, de las maravillas que le rodeaban, en ese momento, en la ciudad de París. La noche del estreno de Limelight, Ramón coincidió en el mismo cine que Chaplin durante la proyección de su película:   

"No sé si viste ya la película de Chaplin; aquí gustó poco al principio -los críticos se desconcertaron mucho-, pero después han reaccionado. Es magnífica, es decir, magnífica no es la palabra, es un caso único. El día del estreno (se estrenó en cuatro cines a la vez) acerté a estar en el que estaba él mismo, Chaplin, muerto de la risa en la escena de Keaton". 

Ramón Gaya. Cartas a sus amigos
Editorial Pre-textos, 2016